Una vez llegados a Santiago y después de rendir culto a los restos del Apóstol, son muchos los peregrinos que deciden emprender su viaje hasta Muxía y el cabo Fisterra, (conocido como ‘Finis terrae’), lugares simbólicos situados en la tradicional ‘Costa da Morte’. Una zona que recibe este nombre por su peligrosidad, puesto que esta costa ha sido testigo de multitud de naufragios a lo largo de la historia.

De origen pagano, el Cabo Fisterra era considerado como el último bastión del mundo hasta finales de la Edad Media, donde los prerromanos, asombrados por el impresionante ocaso del sol sobre el océano, aseguraban que las almas ascendían al cielo desde allí.

En homenaje a los milagros del astro rey, según la tradición, en los alrededores de este lugar se levantaba el altar de culto al sol, ‘Ara Solis’, muy vinculado a los antiguos ritos de fecundidad. Un altar que, por su origen pagano, fue arrasado por el Apóstol mediante una inundación que también acabó con el poblado de Dugium.

Cuenta la leyenda que sólo dos bueyes consiguieron escapar de tal destrucción, pero que Santiago los convirtió en piedra como castigo, formando lo que hoy se conoce como ‘Bois de Gures’.

También se dice que el Apóstol levantó en el mismo lugar de culto pagano la ermita de San Guillermo, ahora desaparecida.

Fue a partir del siglo XII cuando esta zona y su Camino se cristianizan, al vincularlos el Códice Calixtino con la tradición xacobea. A esto se une el hecho de que en ambos lugares se encuentran dos de los puntos religiosos más famosos de Galicia: el Santuario da Virxe da Barca de Muxía y el Santo Cristo de Fisterra.

Esta cristianización del Camino viene precedida de multitud de leyendas religiosas que cuentan desde el encuentro de Santiago con la Virgen María en los confines del mundo, cuyo recuerdo se plasma en el Santuario da Virxe da Barca de Muxía, hasta el mito del traslado de los restos del Apóstol, cuya historia se desarrolla entre la desaparecida ciudad romana de Dugium, cerca de Fisterra, y el puente sobre el río Tambre, cerca de Negreira.

Única ruta con origen en Santiago, durante siglos ha sido recorrida por gran cantidad de peregrinos, muchos de ellos ilustres, pero es en la década de los 90 cuando se documenta y se reconoce por la Xunta de Galicia como uno de los caminos oficiales.

Para alcanzar el Fin del Mundo, cuyo itinerario religioso apunta a la senda que marca la Vía Láctea, este Camino puede realizarse por dos rutas diferentes que coinciden hasta Olveiroa. A partir de esta localidad el peregrino podrá dirigirse hacia Fisterra por Corcubión, completando seis etapas, o directamente hacia Muxía, sumando un total de cinco. De cualquier forma, en el último recorrido se tendrá que caminar entre ambas villas y el destino se situará más allá de las mismas, siendo la meta final el Cabo de Fisterra o el Santuario da Virxe da Barca de Muxía.
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