La Vía de la Plata, también conocida como Ruta de la Plata, es el Camino de Santiago más importante desde el sur de la península. Su origen se refiere a un conjunto de calzadas romanas que iban desde el suroeste al noroeste, uniendo dos poblaciones de gran importancia, Emérita Augusta (Mérida), capital de la antigua provincia romana de Lusitania, y Asturica Augusta (Astorga). De hecho, son muchas las ruinas que dan fe de ello, ya que en el camino nos topamos con tramos visibles de calzada, puentes, teatros y arcos.

Durante siglos esta gran ruta de comunicación fue utilizada por tropas, comerciantes y viajeros, siendo uno de los trazados que aprovecharon los árabes para su conquista en el territorio peninsular. De hecho, se dice que su nombre proviene de la palabra árabe ‘Bal’latta’, que era utilizada por los musulmanes para nombrar el camino empedrado que llevaba hasta el norte cristiano.

Cuenta la tradición que este camino fue recorrido por Almanzor, caudillo del califa Hisam II, y su ejército en un brutal ataque a los reinos cristianos, perpetrado en su mayoría en el norte de la península. De hecho, el culmen de su sangriento ataque ocurrió precisamente en Santiago de Compostela, donde arrasó y quemó todos los templos de culto cristianos, aunque la tradición cuenta que respetó el sepulcro del Apóstol. No obstante, se llevó las campanas de la catedral, que fueron devueltas a Compostela siguiendo este mismo trazado en la reconquista cristiana.

Ya en el siglo XIII, después de la conquista y recristianización de Córdoba y Sevilla, es cuando los peregrinos de Extremadura y Andalucía comienzan a realizar este recorrido en su peregrinación a la tumba del Apóstol; algunos hasta Astorga uniéndose al Camino Francés; otros hasta A Gudiña, para continuar por Laza o Verín, en la ruta hacia Santiago; e incluso, desde Portugal pasando por Feces de Abaixo. Las tres rutas son posibles alternativas para los peregrinos en la actualidad y todas contienen una gran riqueza natural, pero también se caracterizan por grandes distancias sin mucha infraestructura, tranquilidad y altas temperaturas en la época estival.

En su recorrido por Galicia, que se considera una prolongación de esta calzada romana, también destaca su patrimonio natural, sobre todo en la provincia de Ourense, la zona de Deza y el río Ulla.

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